Empecemos por lo primero: ¿qué es una táctica? Por definición, una táctica es una acción concreta, específica y ejecutable que busca cumplir un objetivo de corto o mediano plazo. Es parte de un engranaje mayor: la estrategia. Y por eso, por sí sola, rara vez es suficiente para sostener resultados en el tiempo.
Un ejemplo clásico: «Lanzar una campaña en Instagram con influencers de lifestyle urbano para dar visibilidad a un vino premium.»
Eso es una táctica. Una acción puntual, enmarcada en un contexto específico, con un objetivo acotado. Hasta ahí, todo bien. El problema aparece cuando hacemos de las tácticas el centro de la operación, sin conectar ninguna de ellas con una estrategia clara y real. Nos pasa mucho, sobre todo en los primeros estadios de un negocio: ejecutamos con energía, con ganas, con buena voluntad… pero sin una dirección clara. Y eso convierte esas acciones en lo que llamo tácticas ciegas.
Tácticas que pueden generar resultados inmediatos, pero que a largo plazo se vuelven insuficientes. Porque no construyen posicionamiento. No generan crecimiento sostenido. No responden a una
visión.
Crecer en redes, lanzar campañas, invertir en anuncios, hacer email marketing, etc: todo eso es valioso. Pero si no está integrado a una estrategia clara y con un norte definido, deja de tener impacto real. Se vuelve desgastante. Drena recursos. Frustra. Y muchas veces, deriva en malas decisiones.
Por eso el pensamiento estratégico no es un lujo. Es una necesidad. Es el ejercicio que nos permite parar la pelota, mirar el contexto, identificar oportunidades, definir hacia dónde queremos ir y qué necesitamos para llegar.
Pensar en estrategia es:
● Definir objetivos concretos y realistas
● Entender qué tácticas son necesarias y convenientes
● Darles coherencia, consistencia y dirección
● Y, sobre todo, optimizarlas con base en lo que va funcionando
Porque no se trata solo de alinear tácticas con estrategia. Se trata también de implementar con compromiso, de revisar con criterio y de ajustar cada vez que sea necesario.
Definir con claridad desde dónde quieres posicionarte y qué quieres construir es el primer paso para hacer inversiones más inteligentes. Y dejar de actuar a ciegas.
Esteban Moreno
Líder general
